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    Descripcion:
    Debido al retraso analtico que durante muchos aos ha sufrido la teora del Materialismo Histrico para elaborar una concepcin amplia sobre la superestructura cultural, los aparatos de hegemona y las puntas de la ideologa; muchas facetas sobre la comprensin del Estado Ampliado han quedado relegadas de ser reflexionadas y desarrolladas como les corresponda, ya que son realidades bsicas de nuestras sociedades contemporneas. Debido a esto, poca claridad conceptual y poltica (1), ha alcanzado el pensamiento materialista y las ciencias sociales crticas, para comprender cul ha sido la nueva transformacin cultural que ha provocado la emergencia de los medios de comunicacin, como aparatos de hegemona al interior de la sociedad civil del Estado capitalista moderno (2).

    Sin embargo, si bien es cierto que existen multitud de trabajos que han abordado desde una perspectiva materialista el estudio de la propiedad de los medios, el universo de discursos que transmiten, la evolucin tecnolgica que experimentan, los efectos individuales y nacionales que provocan, los patrones de consumo cultural que imponen, la cobertura simblica que alcanzan, las relaciones de poder que reproducen, la transnacionalizacin de hbitos ideolgicos que fomentan, etc. (3); no existen ninguna reflexin madura que examine el lugar histrico que ocupan los medios de comunicacin dentro del conjunto de aparatos de hegemona, y por consiguiente, dentro de la estructura cultural que ha construido el Estado capitalista en la actual etapa transnacional (4).

    Incluso, podemos decir que no nicamente dentro de la concepcin materialista de la comunicacin se ha conservado este anacronismo terico, sino tambin dentro de los postulados de las principales corrientes de anlisis de sta disciplina se mantiene este abandono epistemolgico. Es decir, dichas escuelas de comunicacin tampoco han estudiado los cambios que han provocado los aparatos de informacin dentro de la conformacin de la estructura del Estado y de la sociedad civil (5).

    No obstante la presencia de este vaco terico, existen algunas contribuciones embrionarias de las ciencias sociales en general que nos ayudan de forma muy valiosa, pero an insuficiente a realizar un primer acercamiento intuitivo al problema. Todas ellas, coinciden en sealar que los medios de comunicacin de masas, se han convertido en aparatos hegemnicos sumamente importantes del Estado capitalista avanzado, pero no desarrollan ni profundizan los argumentos que podran ayudar a construir una nueva teora de las puntas de la hegemona.

    As, el primer germen lo encontramos entre 1917 y 1937 en el pensamiento gramsciano. Aunque con anterioridad dicha perspectiva ha sealado que la escuela es el principal aparato ideolgico de Estado, su concepcin no es rgida ni cerrada, pues reconoce el valor y la importancia de otras fuentes de socializacin cultural, especialmente de los medios de comunicacin. De esta forma, al delimitar la funcin que cumple la escuela, expresa que, "la actividad educativa directa es slo un fragmento de la vida del alumno, que entra en contacto, ya con la sociedad humana, ya con la societas rerum. Mediante ello, se forma criterios a partir de estas fuentes "extra escolares" que son mucho ms importantes de lo que comnmente se cree" (6).

    Madurando esta apreciacin, Gramsci aporta un avance terico relevante cuando adelanta una primera visin embrionaria sobre las futuras tendencias evolutivas que presentan las nuevas puntas hegemnicas, y el lugar estratgico que gradualmente conquistan al interior de la sociedad civil. Esto es, sin haber vivido la poca de la gran explosin cultural que se produce con la reproduccin ampliada y la maduracin de las nuevas tecnologas de comunicacin (radio y televisin de gran cobertura simblica), Gramsci ya prev desde principios de siglo que la prensa y la radio incipiente existentes en Italia, tienden a convertirse en las principales instituciones productoras del consenso social.

    As, seala que "la prensa amarilla y la radio (donde estn muy difundidas), tienen la posibilidad de incitar extemporneamente motivaciones de pnico o de entusiasmo ficticio que permiten el cumplimiento de objetivos determinados, en las elecciones, por ejemplo. Todo esto est ligado al carcter de la soberana popular que se ejecuta una vez cada 3, 4 5 aos; basta tener el predominio ideolgico (o mejor emotivo) en este da determinado, para poseer una mayora que dominar por 3, 4 5 aos, incluso si pasada la emocin, la masa electoral se separa de su expresin legal" (7).

    Despus de esta amplsima aproximacin transcurren ms de 30 aos en que no se reflexiona crticamente sobre el nuevo espacio estratgico que gradualmente conquistan los aparatos de informacin de masas (8) en el terreno de la formacin del consentimiento coyuntural. Es hasta principios de la dcada de los aos `70s que diversos pronunciamientos, provenientes de distintas ramas de las ciencias sociales, resucitan este anlisis sobre los medios de comunicacin, e intentan devolverles hipotticamente el nuevo rango histrico que le corresponde en el proceso de construccin del consenso social.

    Esta nueva tendencia adquiere forma con diversos autores e instituciones aisladas y se desarrolla cronolgicamente de la siguiente manera: en 1971 aparece Ludovico Silva (9); en 1972 Fernando Carmona (10); en 1975 Maurice Duverger (11); en 1977 Rafael Roncagliolo (12); en 1978 Armand Mattelart (13), Fernando Reyes Matta y Rafael Roncagliolo (14), Enrique Guinsberg (15), Juan Somavia (16); en 1980 Noreene Janus y Rafael Roncagliolo (17), Ana Mara Fadul (18), Carlos Monsivais (19), la Comisin Mac. Bride de la UNESCO (20); y en 1982 Armando Labra (21) y muchas otras aproximaciones periodsticas mas que constantemente destacan la relevancia de los medios de comunicacin como principales aparatos de hegemona (22).

    Sin embargo, pese a que contamos con este conjunto de ricas aportaciones aisladas, ninguna de ellas nos permite elaborar una teora global sobre la nueva tarea que ejercen los aparatos de comunicacin como puntas de la hegemona. Todas ellas permanecen, en mayor o menor grado, en un nivel intuitivo o hipottico de la formulacin epistemolgica del problema; y por consiguiente, nos acercan de manera muy til, pero parcial e insuficiente a esta realidad.

    De aqu, que retomando estas contribuciones tericas y otras ms provenientes de la economa poltica de la comunicacin, intentemos construir una nueva concepcin sobre la reciente transformacin del Estado Ampliado que se realiza a travs de los fenmenos culturales que producen los medios de comunicacin de masas y de las modernas tecnologas de informacin.

    Teniendo en cuenta que la tradicin marxista ha sealado que el aparato pedaggico es el principal soporte cultural creador de la hegemona, nosotros pensamos que, si bien es cierto, que la doble funcin que ha desempeado la escuela (reproduccin de la calificacin de la fuerza de trabajo y reproduccin de la ideologa dominante), ha sido fundamental para la reproduccin del consenso del modo de produccin capitalista, en sus etapas anteriores; en la actual fase de desarrollo por la que atraviesa el capital monoplico, sin dejar de ser necesario, el aparato escolar ha dejado de ocupar el papel dominante, para pasar a un plano secundario de accin. De esta forma, desde 1930 en adelante, fecha en que se consolida el primer desarrollo de los medios de transmisin electrnica, la tarea de directriz cultural que ejerce el sistema de enseanza ha sido substituida por las nuevas funciones ideolgicas que realizan los aparatos de difusin de masas y las nuevas tecnologas de comunicacin.

    Esto es, analizando el desarrollo y la transicin de los principales aparatos de socializacin en la historia del capitalismo, observamos que, en un primer momento, con el desarrollo del mercantilismo, la iglesia es la institucin encargada de integrar orgnicamente a la sociedad. Dicha conformacin histrica se estructura alrededor de los intereses de las clases terratenientes que mantienen la sujecin de la fuerza de trabajo servil a las grandes extensiones de tierra que se conservan como medios de produccin feudales. Frente a esta situacin generadora de antagonismos de clase, la iglesia construye un sistema de centralizacin poltica mediante la implantacin de relaciones verticales, por medio de las cuales cada sujeto es relegado a la autoridad central.

    Con ello, la iglesia se ubica como el principal aparato hegemnico del momento y dirige a la sociedad medieval y colonial, mediante su red de educacin clerical.

    Sin embargo, esta situacin no se conserva permanentemente, pues en un segundo momento, en la fase premonopolista, la evolucin de las fuerzas productivas y de otros procesos de organizacin social, obligan a que los bastiones culturales del aparato religioso sean gradualmente desplazados como centros hegemnicos a un plano accesorio, por la emergencia de los modernos aparatos escolares. "Es ms, puede decirse que el relajamiento de las relaciones familiares y la secularizacin general de la sociedad, debilitaron el poder ideolgico y la funcin socializadora de la familia y la iglesia, desde los inicios mismos del capitalismo. De ah, la insistencia con que se ha redundado que la pareja iglesia-familia ha sido reemplazada por la propia pareja escuela-familia (23).

    De esta forma, la escuela emerge como el nuevo ncleo hegemnico que difunde e impone las modernas formaciones de conciencia que requiere el funcionamiento del nuevo proceso de produccin y organizacin capitalista en las ciudades. Por consiguiente, en esta poca la dinmica de la sociedad civil localiza su epicentro de accin ideolgica en los aparatos pedaggicos, desde los cuales influye sobre el resto de los aparatos de hegemona que actan en la sociedad.

    Finalmente, en un tercer momento del desarrollo capitalista, en la fase monopolista o de industrializacin avanzada, el nuevo desenvolvimiento acelerado de las fuerzas productivas, el incremento del analfabetismo funcional, la ampliacin del mercado mundial, el aumento de la poblacin, el rpido avance de los procesos de urbanizacin, la descomposicin de las estructuras agrarias tradicionales, y el gran avance de la revolucin cientfico tecnolgica, especialmente de carcter electrnico, provocaron el surgimiento de un nuevo cambio radical en el ordenamiento jerrquico que ocupan los aparatos de hegemona. As, aparece una nueva mutacin cultural que ocasiona que la escuela sea desplazada como el principal brazo del Estado que contribuye a reproducir ideolgicamente las condiciones sociales de produccin, y paulatinamente, los medios de comunicacin emergen como los nuevos aparatos de hegemona dominante que, prioritariamente, modelan y dirigen la conciencia de la sociedad civil (24).

    De esta manera, la presencia de las tecnologas de informacin redefinen los roles fundamentales que ejerce el sistema de enseanza y otros aparatos de hegemona tradicionales; substituyndolos, en algunos casos, desplazndolos, en otros y complementndolos en unos mas, especialmente, a aquellos que se encuentran en crisis institucional y social.

    A partir de esta fase histrica, las tecnologas de informacin se convierten en los principales aparatos de consenso, porque a travs de estos se produce un nuevo y amplio proceso de educacin cotidiana, sobre los individuos, que gradualmente reubica y reemplaza el slido lugar estructural, que hasta el momento, ocupaba el tradicional sistema de educacin formal que lentamente construye la escuela. As, emerge una nueva "escuela electrnica" que educa cotidianamente a los individuos de forma repetitiva, sistemtica, acumulativa e informal (25).

    Este proceso pedaggico se caracteriza por convertir la informacin que transmiten las tecnologas de comunicacin en sedimentos culturales, los cuales a su vez se traducen en valores histricos, que se cristalizan en concepciones del mundo, los que se expresan como sentidos comunes, de los cuales se derivan actitudes y conductas, que a largo plazo se convierten en posiciones polticas, que producen, para cada coyuntura especfica, un determinado proyecto de transformacin de la naturaleza y de la sociedad.

    En esta forma, la construccin de la conciencia en el quehacer cotidiano y en el tiempo libre de los individuos y de las organizaciones sociales, aparece cada vez mas determinado por este nuevo proceso de educacin cotidiana que surge a la par del surgimiento de cada nueva tecnologa de informacin que aparece.

    De esta manera, aunque desde los orgenes del capitalismo los medios de comunicacin ya se encuentran inmersos, en un plano secundario y terciario en la estructura de la sociedad civil desempeando distintas funciones ideolgicas suplentes, segn lo exigen las distintas necesidades de cada fase histrica por la que atraviesa el modo de produccin; es hasta principios del siglo _X que la evolucin tecnolgica de estos, reestructura el interior de la esfera cultural de la sociedad y se instalan como los principales aparatos del consenso.

    Esta nueva mutacin superestructural de la instancia educativa como principal aparato de hegemona, no significa que los aparatos desplazados de la zona hegemnica principal, como son la escuela, la familia, la iglesia y otros mas, ya no existan o ejerzan sus funciones ideolgicas propias; sino que continan permaneciendo y colaborando en la formacin del tejido hegemnico, pero de manera reestructurada en planos secundarios y terciarios. De esta manera, la conversin de un aparato ideolgico o sistemas de aparatos como instancias dirigentes, no excluye, en ningn momento, la participacin cultural del resto de aparatos hegemnicos secundarios que tambin contribuyen a afianzar el consenso local, regional o nacional, en otras reas mas particulares donde no penetra la tarea global de los primeros.

    Ello quiere decir, que la hegemona no se produce por la accin de un slo aparato cultural, sino con el apoyo de un sistema complejo y amalgamado de instituciones y redes ideolgicas propias de esa f al indicar que en la fase avanzada del modo de produccin capitalista los medios de comunicacin y las nuevas tecnologas de informacin, se han convertido en los principales aparatos de hegemona, no queremos privilegiar miope y arbitrariamente al aparato de informacin en detrimento o negacin del funcionamiento de otros aparatos secundarios; sino simplemente sealar que los primeros desempean las funciones de punta o de vanguardia cultural de la sociedad industrializada. Es decir, en la etapa del desarrollo transnacional, los medios de comunicacin ejercen una tarea cultural "dominante", no en el simple sentido de ser instrumentos al servicio de la clase dominante, sino en el sentido de ser las instituciones que construyen la principal conciencia colectiva que relaciona la mente de los individuos con la realidad. Los medios, simplemente, recogen las tendencias culturales fundamentales de la sociedad y las amplifican proyectndolas de forma masiva como los referentes bsicos de vinculacin de los hombres con su sociedad.

    En otros trminos, a partir de las nuevas facultades materiales que conquistan los aparatos de comunicacin como modernas tecnologas culturales, se da un deslizamiento de las principales funciones ideolgicas orgnicas de los viejos aparatos de consenso, hacia los nuevos medios de comunicacin. As, las principales leyes de articulacin de la sociedad, como son la ley del mercado, la ley de realizacin del capital, la ley de la direccin poltica, la ley de la reproduccin mental del sistema, la ley de la cristalizacin de la hegemona, etc., trasladan su foco central de realizacin del aparato escolar y eclesistico al aparato de la cultura de masas.

    Pero esto, no significa de ninguna forma que sean medios culturalmente "determinantes", esto es, que subordinen avallasadoramente todo tipo de conciencias con la informacin que distribuyen. Toda visin del mundo que transmiten los aparatos de comunicacin, siempre es filtrada por la posicin de clase, el grado cultural, la situacin econmica, el origen tnico, la vida cotidiana, el equilibrio afectivo, etc., que posee cada persona que lo recibe. Este es en realidad el aspecto "determinante" del proceso de formacin de la hegemona.

    En esta forma, desde la fase de la industrializacin el Estado capitalista sufre una reconversin en las modalidades como realiza sus tareas hegemnicas. La escuela es reemplazada como el aparato que produce la vanguardia ideolgica y los medios de comunicacin ascienden como los nuevos intelectuales orgnicos de la sociedad industrial. Por ello, los modelos culturales bsicos que organizan y conducen a la sociedad contempornea ya no nacen fundamentalmente de la escuela, sino ahora emergen del complejo aparato de la cultura de masas.

    Por consiguiente, si bien son correctos los diagnsticos de Antonio Gramsci y Jos Maritegui sobre la funcin que desempea la escuela como punta hegemnica en los aos veintes (26); para la dcada 70-80 los planteamientos althusserianos que nuevamente sitan al sistema pedaggico como la vanguardia institucional productora del consenso, son profundamente incorrectos (27). Esto debido, a que en el transcurso de estos cincuenta aos, los soportes materiales que sustentan el proceso de produccin, distribucin e inculcacin de la ideologa, han evolucionado y se han transformado drsticamente a partir de la introduccin de la electrnica y las nuevas tecnologas de informacin en el campo cultural. Ello ha modificado sustancialmente la forma actual de producir la ideologa y el consenso, y por lo tanto, la estructura y potencial del Estado Ampliado.

    Pensar lo contrario, es decir, afirmar que en la actualidad el aparato escolar sigue siendo el principal soporte cultural del proyecto de legitimacin y conduccin del Estado capitalista moderno, es encerrarse nuevamente en un anacronismo histrico, que transplanta rgida y mecnicamente, las particularidades de la superestructura ideolgica de la fase del capitalismo premonopolista, a la superestructura de conciencia de la etapa del capitalismo monopolista e imperialista. Es no reconocer, que a partir del surgimiento y de la consolidacin de los aparatos de difusin de masas, la sociedad civil de la formacin capitalista y su bloque histrico correspondiente, han sido afectados, modificados y refuncionalizados sustancialmente, por el impacto que ha provocado la emergencia de la cultura de masas. Es imaginar que el Estado capitalista nacional y multinacional ha seguido enfrentando sus constantes crisis de legitimacin, de subconsumo, de acumulacin, de reproduccin de la calificacin de fuerzas de trabajo, de direccin poltica, de empobrecimiento del proletariado, de creciente desempleo, etc., con la mismas tcnicas y estrategias consensuales que fueron empleadas a principios de siglo, sin generar nuevos espacios y herramientas ideolgicas de construccin de la hegemona.

    En suma, adoptar los postulados althusserianos para explicar el proceso contemporneo de produccin de las crestas del consenso, es reincidir en un desfase terico e histrico que niega el desarrollo cualitativo (especialmente tecnolgico) , y cuantitativo de los soportes ideolgicos y su resonancia cultural en la esfera de conciencia del capitalismo avanzado. Anacronismo conceptual que en el fondo, llevado a sus ltimas consecuencias, afirma que la estructura y dinmica de la sociedad civil capitalista del perodo 1970-1990, mantiene la misma conformacin y movimiento de la sociedad civil de la dcada 1910-1920.

    Situacin que desemboca en una perspectiva lineal y acrtica sobre la operacin de los soportes culturales; que a su vez, provoca una desviacin poltica que impide progresar en la labor estratgica de precisar cual es el aparato de hegemona que desempea la funcin dominante al interior de la sociedad civil. Se obstruye, por lo tanto, el conocimiento correcto del bastin ideolgico que ejerce la vanguardia cultural en el proceso de cohesin y direccin de la sociedad contempornea.

    En consecuencia, podemos decir que en la historia presente, tanto en las zonas del capitalismo central como en las reas del capitalismo perifrico, especialmente de occidente, los aparatos de mayor potencial socializador para realizar y consolidar cotidianamente al bloque histrico dirigente, en funcin a las necesidades de existencia, reproduccin y transformacin que presenta el capital en diversas coyunturas de desarrollo, no son los aparatos ideolgicos escolares; sino los medios dominantes de difusin masivos (cine y prensa); y muy en especial, los medios electrnicos de transmisin colectiva (televisin y radio) y las nuevas tecnologas de comunicacin.

    En suma, podemos pensar que con el rpido desarrollo y perfeccionamiento fsico que alcanzan todas las tecnologas de comunicacin, el Estado capitalista estrena un nuevo sistema nervioso cultural que transforme el interior de la estructura de la sociedad civil tradicional. Con ello, el Estado entra en una nueva etapa cultural que modifica todo el esqueleto y la organizacin de los aparatos de hegemona convencionales; y coloca a los medios de comunicacin como los principales aparatos ideolgicos del capitalismo avanzado.

    Por ello, podemos decir que en las formaciones capitalistas contemporneas, y en particular, en las formaciones dependientes de Amrica Latina, los medios de difusin colectiva y las nuevas tecnologas de produccin de smbolos y sentidos, se han convertido en los principales instrumentos culturales que crea_ y mantienen la hegemona que reproduce ideolgicamente al sistema. De aqu, la enorme importancia de descubrir de donde parte la lgica de produccin y expansin de las tecnologas de informacin. Determinarlo, ser comprender el punto de partida que le da vida a este nuevo Estado Ampliado contemporneo.

    Dentro del contexto de transformacin de las jerarqua de aparatos de hegemona en las sociedades modernas es necesario considerar que la televisin se ha convertido en el principal medio de comunicacin colectiva de nuestra civilizacin, ocupando un papel central en el desarrollo de las mentalidades y sensibilidades; y por lo tanto, en el desarrollo del pas. Hoy da la televisin se ha convertido en el sistema nervioso fundamental del avance o retroceso de nuestra cotidiana cultura nacional (28).

    Por ello, aunque estamos conscientes que la televisin no produce efectos automticos sobre el auditorio. Que no es una aguja hipodrmica que inyecta mecnicamente sus contenidos en los cambios de la poblacin. Que existen mltiples formas de interpretar por parte del auditorio los mensajes televisivos que recibe. Que por parte de los emisores no existen efectos acabados sobre los auditorios como hemos credo en aos anteriores. Que no es omnipotente para producir procesos mgicos. Que normalmente refuerza tendencias previamente ya existentes en el seno de las comunidades. Que la conciencia humana no solamente se produce por la accin simblica de la televisin, sino por un conjunto ms amplio de relaciones sociales y de redes culturales que impactan sobre la inteligencia y la sensibilidad de los individuos. Que su efectividad de convencimiento no depende totalmente de las imgenes que se transmiten sino de otros procesos sociales complementarios, etc. Tambin sabemos que, a travs de las propiedades fsicas que ha conquistado y de los hbitos educativo-culturales que ha formado, la televisin cuenta con un alto margen de eficacia persuasiva comprobada para crear y cambiar las formas de pensar y actuar en Mxico.

    En la actualidad debemos tener presente que en nuestro pas, frente a la tradicional accin del sistema escolar y religioso, la televisin se ha convertido en la principal red educativa capaz de cambiar, con mayor rapidez y agilidad, las cosmovisiones, los valores, los sentimientos, las actitudes, los hbitos y las conductas de los receptores. En una idea, dirige la cultura cotidiana en cada sexenio de gobierno. As, la televisin se ha convertido en el principal mediador cultural, a travs del cual el Estado articula ideolgicamente a nuestra sociedad, convirtindose en la principal organizadora colectiva de la historia moderna de Mxico.

    Sin embargo, esta mediacin central que ejerce la televisin entre gobierno y sociedad, no significa, en ningn momento, que la capacidad de persuasin que realiza sea omnipotentemente eficaz para convertir en socialmente dominante cualquier mensaje transmitido por sta y mecnicamente doblegar las conciencias y las acciones de todos los ciudadanos que son tocados por los mensajes que transmite sta. La fuerza de convencimiento de la televisin tiene lmites de competencia muy precisos, y los principales son los tres siguientes:

    Primero, las informaciones televisivas que leen, decodifican e interiorizan los receptores nunca se asimilan homogneamente en todos ellos con el mismo signo ideolgico e intensidad personal con la que se emiten, sino que varan segn son sus situaciones histricas, antropolgicas, religiosas, econmicas, familiares, polticas, culturales, materiales, regionales, tnicas, productivas, etc., que los determinan como seres humanos. No debemos olvidar que los pblicos no son pasivos, ni neutros, ni socialmente vrgenes, sino que stos practican sus propios procesamientos del universo de sentidos que la televisin les ofrece de acuerdo a sus propias experiencias de vida y sus inserciones sociales (29).

    Segundo, la habilidad seductora de la televisin nunca puede rebasar el peso de la realidad que enfrentan los espectadores, pues siempre las circunstancias de sus vidas concretas son ms fuertes que el poder que alcanza la informacin y las imgenes audiovisuales que se difunden. Es necesario subrayar que la televisin no sustituye a la dinmica econmica, poltica y social, sino que la apoya o debilita con base en los proyectos globales que existen detrs de sta. De lo contrario, sobrevaloraramos el papel colectivo de la televisin al otorgarle fantasiosamente una absoluta propiedad transformadora, cuando en verdad slo es una tecnologa muy perfeccionada de promocin de intereses o polticas precisas.

    Tercero, cuando la gama de discurso que transmite la televisin encuentra las condiciones psicolgicas favorables en los campos de conciencia de los pblicos, stos son asimilados funcionalmente en un alto porcentaje y viceversa.

    Sin embargo, no obstante la existencia de diversos lmites reales en la tarea de mediacin social que realiza la televisin entre pueblo y gobierno, su capacidad de persuasin y de movilizacin de la poblacin en el pas ha sido tan eficiente en diversos momentos, que ha generado fuertes fenmenos sociales de signos contrarios. As, por ejemplo, en un sentido positivo constatamos cmo a travs de las acciones promocionales de la televisin, se colabor a educar a la poblacin para reducir en la dcada de los ochentas la tasa de crecimiento demogrfico del 4.3% al 2% construyendo un nuevo modelo cultural de familia basado en cuatro miembros: padre, madre y dos hijos. De igual forma, se ha contribuido a alfabetizar y a otorgar instruccin bsica a travs de la telesecundaria a miles de mexicanos, a tal grado, que de 1983 a 1987 se redujo el ndice de analfabetismo en sujetos mayores de 15 aos del 14 al 7.1 %, alfabetizando a ms de 3 millones 300 mil mexicanos. Esto significa que hay 92 de cada 100 mexicanos adultos que ya saben leer y escribir en el pas (30).

    De la misma manera, ha promovido permanentemente la educacin colectiva civil para lograr la donacin altruista de sangre a hospitales y bancos de plasma (31). Asimismo, con apoyo de las campaas de prevencin mdica va televisin, la acciones del sector salud, la participacin de 600 mil voluntarios y la instalacin de 80 mil puestos de vacunacin, se pudo inmunizar en dos fines de semana de 1987 en todo el territorio nacional a ms de 12 millones de nios contra la poliomielitis, a 10 millones de pequeos contra la difteria y la tosferina, y a 2 millones de nios contra el sarampin, que en conjunto han alcanzado reducir en ms del 35 % las enfermedades infantiles en la Repblica (32).

    Tambin, por la accin instructiva de la televisin y otros medios de comunicacin, se ha formado en los ltimos dos sexenios una nueva cultura financiera de masas que ha logrado crear una base de educacin econmica que permite que la clase media y algunos sectores de la clase popular sepan cmo invertir sus ahorros en diversos instrumentos de capitalizacin, como son los diversos plazos bancarios, en renta variable, cetes, dlares, UDIS, papel comercial, petrobonos, acciones de empresas, etc. En los mismos trminos, en los spots televisivos transmitidos de 1984 a 1985 consiguieron abarrotar los Registros Civiles del pas para regularizar las uniones libres de las parejas y registrar oficialmente a sus hijos. En idntico sentido, la repeticin publicitaria a travs de la televisin ha creado en las ciudades desde hace 15 aos a la fecha una cultura de uso de la toalla sanitaria que las mujeres urbanas, y se nota cada vez ms con marcada claridad, que tambin ya empieza a surgir en el campo.

    Igualmente, se logr que los ciudadanos hicieran valer ms sus derechos como compradores mediante la educacin televisiva que ha proporcionado el Instituto Nacional del Consumidor y la Procuradura Federal del mismo en los ltimos 12 aos (33). De igual forma, se obtuvo que a travs de la promocin televisiva ms de 80 mil pedalistas participaran en 1987 en el Paseo Ciclista de la Constitucin, 15 mil atletas asistieran a la Sexagsima Tercera Carrera de la Constitucin en el D.F. y 4 mil deportistas estuvieran presentes en el IV Maratn Deportivo Guadalajara (34).

    Tambin a partir de la difusin de la propaganda audiovisual sobre la prevencin de los accidentes de trabajo y la capacitacin de aproximadamente un milln de funcionarios pblicos por el Instituto Mexicano del Seguro Social, se obtuvo que los percances de trabajo en las empresas se redujeran el ao pasado en 57 % (35). En idntico sentido, a travs del incremento de las campaas publicitarias, en 80% en prensa, 110 % en revistas, 85 % en radio y 200 % en televisin, la iniciativa privada pudo sostener la demanda de consumo de la poblacin en ciertos renglones excepto el sector textil, la industria zapatera y la industria automotriz que fueron afectadas drsticamente por la crisis econmica de 1987 (36). Asimismo, mediante la promocin televisiva y la preparacin de 450 mil promotores del voto por parte de la Federacin de Trabajadores al Servicio del Estado se logr que el 85 % de los ciudadanos en edad de votar se registraran voluntariamente en el Padrn Electoral para participar en las elecciones presidenciales de 1988 (37).

    Igualmente, otro caso sumamente meritorio de persuasin y movilizacin de la sociedad mexicana ocurri ante los terremotos de 1985, donde a travs de la televisin y otros medios de comunicacin, el conjunto social se sensibiliz de la magnitud de la tragedia y logr vincular las urgentes demandas de socorro con los ofrecimientos de ayuda voluntaria de los ciudadanos, creando un movimiento de solidaridad civil que no se haba presenciado en las ltimas cinco dcadas (38).

    Mediante otras acciones persuasivas la televisin nos ha reeducado cotidianamente para sustituir en nuestro registro de domicilio la colonia por el cdigo postal. Para agregar otra cifra cabezal por zonas cuando el nmero telefnico rebas los seis dgitos. Para aceptar las nuevas instalaciones en nuestro hogar que permitieron el cambio de voltaje de 120 a 110 volts. Para cambiar las placas al nuevo sistema de referencia permanente. Para pagar los impuestos de las personas fsicas y morales en las fechas indicadas. Para obtener nuestras nuevas credenciales de elector, etc.

    Sin embargo, por otro lado, en un sentido negativo presenciamos cmo la televisin y otros medios electrnicos no ha educado para propiciar a lo largo de los aos un permanente ciclo consumista que provoca el desperdicio de gran parte de la energa de nuestra sociedad. A travs de las imgenes que diariamente se difunden, constatamos cmo la televisin reconstruye en la pantalla otro pas que no es Mxico. De igual forma, mediante los valores televisivos que se proyectan, observamos como la televisin ha generado un fuerte corrimiento de la frontera ideolgica nacional que ha propiciado la desmedida admiracin por el estilo de vida y xito norteamericanos y el rechazo a los netamente local, etc.

    El gran desarrollo tecnolgico que ha alcanzado la industria audiovisual en Mxico comprueba la gran capacidad transformadora de concepciones y hbitos de los ciudadanos que posee la televisin en nuestro pas. Esta capacidad persuasiva se amplifica mas cuando observamos, por una parte, que dicha institucin audiovisual se ha convertido para las colectividades en una fuente muy importante de conocimiento y educacin cotidiana de la realidad, especialmente en las comunidades humanas urbanas; y que por otra parte, el promedio de exposicin de la familia mexicana a la televisin es superior a 49.5 horas por semana y esta prctica va en aumento con los nuevos sistemas de televisin por cable, la suscripcin a domicilio, la presencia de la televisin directa y la expansin de las nuevas tecnologas de informacin en nuestro pas (39). Este poder real que ha conquistado la televisin mexicana sobre los campos de conciencia de los diversos auditorios nacionales, a largo plazo, ha producido en el pas mltiples fenmenos culturales de diverso signo, entre los cuales, destacan la generacin de diversas clases de violencias sobre los telespectadores, como son la violencia por exposicin y la violencia por omisin.

    En primer trmino, en relacin a la violencia por exposicin constatamos que la televisin a travs de la difusin de su enorme gama de programas agresivos ha contribuido a crear un clima favorable para la expansin de la violencia al interior de la sociedad. Por ejemplo, al terminar la enseanza secundaria un joven normal ha pasado frente al televisor el doble del tiempo del que mantuvo como asistencia a la escuela, o sea nueve aos. En dicho lapso su cerebro habr registrado las imgenes de aproximadamente 150,000 episodios violentos y unas 25,000 muertes (40).

    Incluso, dicha realidad se ha incrementado al grado que en los Estados Unidos se calcula que actualmente las imgenes violentas aparecen a razn de 25 veces por hora (41). Por ello, tenemos que preguntarnos e investigar, si nuestra televisin nacional importa en un alto porcentaje la programacin norteamericana, especialmente en esta fase de globalizacin e internacionalizacin cultural en la que ha entrado el pas, ¿ Cuntas escenas violentas se estn recibiendo en nuestros hogares mexicanos que cuentan con una legislacin y prctica normativa macute;ses altamente industrializados se ha comprobado que en la medida en que aumenta la exposicin de suicidios en las imgenes televisivas, tambin se eleva el porcentaje de suicidios entre jvenes y nios de las comunidades humanas; o en la medida en que se incrementan las exposiciones de contenidos con violaciones sexuales hacia el sector femenino, se expande en la sociedad las agresiones sexuales a las mujeres.

    Por otra parte, hay que considerar que "el impacto mental que el crimen televisado provoca en cualquier espectador, constituye una simulacin peligrosa. Los adultos se pueden defender ms de estas fantasas, pero los nios y los jvenes, dan por hecho que un fuerte garrotazo en la cabeza de un contrincante le hace caer de forma muy chistosa y adems se repone fcilmente del dolor. Por ello, es necesario que la escuela y los padres eduquen a los hijos frente a este tipo de alteraciones de la realidad. Deben explicarles, por ejemplo, que un golpe en la cabeza de un ser humano puede provocarle un dao irreparable. Que el respeto a la integridad fsica de los dems es un deber fundamental y que la violencia es el estado ms deplorable de la conducta humana" (42).

    En segundo trmino, en relacin a la violencia por omisin encontramos que la televisin ha producido otro tipo de agresin que ha sido la espiritual, pues ha impuesto gradualmente sobre la conciencia del pas otro proyecto cultural distinto al que demandan nuestras bases psquicas y culturales milenarias. En este sentido, podemos decir que el Estado mexicano est profundamente extraviado en su proyecto cultural, pues ha permitido la construccin de un programa mental, que por medio de la televisin y otros medios de informacin electrnicos, est formando generaciones de hombres enanos, ya que nos ha hecho creer profundamente que lo importante en la vida son los valores intranscendentes de la frivolidad y el consumo, y no los principios del reconocimiento, la autoestima, la aceptacin del otro y el crecimiento personal. La televisin ha colocado el xito del individuo en la capacidad que tiene para adquirir y acumular bienes, y no en la facultad para desarrollar su interior y aumentar su capacidad de amar.

    Por todo lo anterior, no obstante que en la actualidad contamos con una mucho mayor cantidad de recursos tecnolgico-comunicativos, sabemos cada vez menos de nosotros como pas y como seres humanos, y estamos perdiendo nuestra identidad nacional. Hoy, la televisin reproduce a colores y en tercera dimensin una nueva versin de la conquista.

    Esto significa, que en la actualidad la principal fuerza educativa que gua a nuestra sociedad ha sido desplazada del tradicional sistema educativo a la red de los medios de comunicacin de masas. Por esto, hoy da la verdadera direccin ideolgica de nuestra sociedad ya no se construye cotidianamente desde el aula u otras instituciones culturales, sino desde los canales colectivos de informacin, y en particular desde el aparato televisivo.

    De esta forma, el modelo mental que los medios imponen, ha acelerado el rompimiento de la relacin trigeneracional que se estableca entre hijos-padres-abuelos, principal sostn cultural de este pas en los ltimos 400 aos. As, amparada por la ideologa de la modernidad y la globalizacin, en menos de una generacin, en nuestras conciencias grupales se ha sembrado masivamente lo transnacional estadounidense, al grado de que hoy podemos decir como lo seala Carlos Monsivais, que en el territorio mexicano ya naci la primera generacin de estadounidenses. Hoy, ya hemos perdido la memoria de nuestro proceso histrico y, en menos de cuatro decenios, hemos adquirido la memoria de lo multinacional.

    Todo lo anterior se confirma cuando observamos que los nios mayores de seis aos conocen ms la informacin televisiva que la transmitida en la escuela primaria o otros rganos culturales. Por ejemplo, en el terreno de la realidad nacional el 77% de los pequeos retienen ms frases como "La chispa de la vida" o "Recurdame" y slo el 49% conserva otras como "¡Viva la Independencia!", "La solucin somos todos" o "El respeto al derecho ajeno es la paz". De igual manera, mientras que casi la totalidad de los nios (92%) retiene la imagen del Gansito Marinela, menos de dos terceras partes (64%) identifica la Columna de nuestra Independencia o al cura Hidalgo. El 63% de los nios asocia fcilmente el tema de la tarjeta de crdito "Carnet" y slo el 43% reconoce la frase "El respeto al derecho ajeno es la paz". En resumen, observamos que de cada diez personajes que los nios identifican, slo tres son de la historia de Mxico.

    En el campo de la historia, el 67% de los nios identifican los das y horarios en que se transmiten sus programas favoritos de televisin, mientras que slo el 19% enuncia las fechas en que ocurrieron los acontecimientos ms significativos de la historia nacional. Los super hroes de la televisin como "La mujer maravilla", son ms conocidos por los pequeos (98%) que los hroes de la Revolucin mexicana (33%). "El Chapuln Colorado" es ms evocado por los infantes (96%) que los Nios Hroes de Chapultepec (82%). "Supermn" est ms presente en la mente de los pequeos (97%) que Don Benito Jurez.

    En materia religiosa, no obstante que nuestra sociedad es acentuadamente catlica, ms de la mitad de los nios (56%) conoce el da en que se transmita "Hogar dulce hogar", mientras que slo el (86%) recuerda el da en que se celebra la Navidad. Mientras el 55% de los nios puede decir qu da se difunda el programa "Mis huspedes", slo el 32% sabe la fecha en que se celebra la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Los pequeos identifican mejor el logotipo de "Sabritas" (86%) que una ostia (46%).

    En el rea cvica, el 87% de los infantes conoce los das en que se transmiten los programas cmicos y slo el 13% sabe la fecha en que toma posesin el Presidente de la Repblica. Slo el 8% conoce la fecha en que el primer mandatario rinde su informe anual, mientras que el 61% s puede decir el da y la hora en que aparecen las series fantsticas. El 83% de los nios identifica el logotipo de los pastelitos rellenos y slo el 63% conoce el Calendario Azteca. Mientras que el 81% de los pequeos evoca el logotipo de los productos "Marinela", slo el 66% identifica el escudo nacional. Las tres cuartas partes (77%) de los nios identifican la imagen de Chicles Adams y menos de una quinta parte (17%) reconoce el Monumento a la Revolucin. Finalmente, el logotipo de los chocolates "Carlos V" es ms reconocido (77%) que el Monumento del Angel o la columna de la Independencia (40%) (43).

    Incluso, este panorama cultural est por agravarse an ms por la apertura de nuestra economa al comercio internacional, dado el ingreso de Mxico al GATT, la firma del Tratado Norteamericano de Libre Comercio con Estados Unidos y Canad y el debilitamiento de la poltica educativo-cultural del Estado Mexicano.

    Si stos son slo algunos de los rasgos del retroceso de la identidad nacional que se experimenta en nuestro pas, especialmente, en los nios y jvenes, nos preguntamos ¿ Por qu el Estado mexicano ha permitido que la televisin concentre diariamente de forma mayoritaria la energa mental de la nacin a travs de sus horarios "Triple A" (7 a 10 de la noche) en hacer propaganda de cigarros, brandyes, rones, "alimentos chatarra", perfumes, etctera, y no en fortalecer nuestras bases de reconocimiento e integracin cultural como nacin y comunidades humanas ?.

    Por otra parte, si sabemos que cada nio que nace en Mxico trae un compromiso heredado de ms de 750 millones de pesos por concepto de deuda externa. Si cada vez ms son los pequeos que intentan cruzar el ro Bravo para trabajar como braceros en Estados Unidos. Si existen ms de dos millones de chicos que piden limosna en las calles del pas. Si la crisis econmica ha obligado a que padre y madre trabajen y nuestros nios cada vez son ms amamantados por la televisin. Si el 78% de las criaturas menores de cuatro aos no alcanza la estatura y el peso normales debido a la desnutricin. Si antes de cumplir los cinco aos, muere el 10% de la poblacin infantil. Si el sndrome del nio golpeado ha aumentado un 30% en los ltimos dos aos. Si ste es el cuadro de vida de una gran mayora de la niez mexicana, cabe preguntar ¿ Por qu el proyecto de televisin dirigido a los infantes concentra su atencin prioritariamente en las "televacaciones", las caricaturas agresivas, los programas de concursos infantiles, los comerciales para favorecer el consumismo y otras fantasas extranjeras, y no en impulsar el desarrollo educativo y humano de los pequeos ? (44).

    Dentro de este contexto cultural modernizador de la sociedad mexicana podemos decir que aunque el Estado nacional cada da se esfuerza por ser mejor instancia rectora en el terreno de las relaciones econmicas, polticas, ecolgicas, comerciales, internacionales, laborales, productivas, etc; en el rea cultural ha perdido la capacidad de conduccin moral de nuestra sociedad. En este sentido, podemos decir que en los ltimos decenios, en trminos culturales el sector privado del pas controlador los medios de comunicacin y las corporaciones multinacionales, han sido las verdaderas secretaras de Estado que han influido en el intelecto y la emocin colectiva que han cohesionado al pas.

    Por ello, para corregir la direccin de nuestro espritu nacional es fundamental estudiar el papel que desempean los medios electrnicos de comunicacin, y particularmente la televisin, para disear nuevas polticas culturales, pues son esos canales los que estn construyendo con mayor fuerza el proyecto mental cotidiano de la Repblica. Dada la prdida de la rectora cultural de la sociedad mexicana por parte del gobierno, actualmente es Razn de Estado el planificar el funcionamiento social de los medios de informacin masiva para el desarrollo del pas. Siendo que el corazn de la democracia hoy cruza por los medios de comunicacin, la reforma del Estado existir slo en la medida en se reforme el funcionamiento social de los medios de comunicacin colectivos en nuestro pas.

    Tenemos que considerar que debido a la aceleradsima transformacin global que vivimos, de nada servir intentar corregir los pies econmicos, los brazos tecnolgicos, las manos laborales, el estmago agropecuario, los pulmones ecolgicos del pas, etc; si no se modifica el alma mental que da vida a nuestra sociedad, pues el cuerpo, tarde o temprano, se volver a desmoronar y cada vez mas con mayor profundidad.

    1.- Provocado por la ausencia de una teora crtica de los medios de comunicacin, los movimientos de cambio social de izquierda no han sabido canalizar adecuadamente el nuevo uso poltico de estos, como lo demuestran las experiencias de Chile, Argentina y otros pases del tercer mundo. Sobre el caso consultar, Jean Baudrillard,

    , en Crtica a la Economa Poltica del Signo, Editorial Siglo XXI, Mxico D.F., 1ª. Edicin, 1974 pginas 198 a 202; J. Martn Barbero,

    , en: Argentina, Cuba, Chile: Realidad Poltica y Medios Masivos, Cuadernos del Centro de Estudios de la Comunicacin No. 4 UNAM, Mxico D.F., 1979, pginas 60 a 64; Alicia Gordon Strasser,

    2.- Existe un amplio consenso dentro de la incipiente teora materialista y crtica de la comunicacin de masas que hasta 1983 sta se encuentra en un grado elemental de desarrollo. Al respecto consultar, Hugo Assman,

    , Universidad Autnoma Metropolitana-Unidad Xochimilco, Mxico D.F., 1981, versin mimeografiada, pginas 24 a 26; Jess Martn Barbero;

    , Editorial Epoca, Coleccin Intiga No. 7, Quito, Ecuador, 1978, pgina 13 a 15 y 37 a 39; Ana Mara Fadul, Carlos Eduardo Lins Da Silva y Luis Fernando Santoro,

    , Simpsium Nacional de Comunicacin: La Experiencia de Amrica Latina, Frente a la Experiencia Norteamericana, Universidad Iberoamericana, abril de 1978, Mxico, D.F., pgina 10 a 16; Eliseo Vern,

    , en: Comunicacin Masiva y Revolucin Socialista, A. Mattelart, Patricio Biedman y Santiago Funes, Editorial Digenes, Mxico, 1972, pginas 11 a 13 ; J.M. Martnez,

    , Simpsium: Comunicacin y Dependencia en Amrica Latina, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, Mxico D.F., 1978, pginas 13 y 14; Hans Magnus Enzezberger,

    , en: Los Medios de Comunicacin Colectiva, Jaime Goded (Compilador), UNAM, FCPS, Serie Lecturas No. 1, 1976, pginas 60 a 65, 72 a 75 y 85 a 88; Hugo Assman,

    3.- Para una visin panormica sobre algunos de los principales tpicos que el marxismo ha estudiado referente a los medios de comunicacin, consultar

    4.-Incluso, podemos pensar que es poco lo que se sabe en torno al tema de la informacin y la sociedad civil, y que raras veces se ha tratado la significacin de la comunicacin como parte de la sociedad civil. Menos an ha sido estudiada en relacin con el Estado y en su vinculacin con las nuevas tecnologas de informacin. Por ello, creemos que, a pesar de que en Amrica Latina apenas empieza a surgir una actividad de investigacin y reflexin, existe una larga tradicin en la regin sobre los temas tomados por separados, o sea, sobre la comunicacin y sobre la sociedad: Los puentes entre las dos reas de anlisis estn por construirse. Esta tarea significa, por un lado, acabar con muchos de los estereotipos que existen sobre los procesos de comunicacin de la sociedad; y por otro, empezar a formular nuevos interrogantes acerca de ello. Elizabeth Fox,

    5.- Nos referimos a los principales textos clsicos de la comunicacin que en ninguno de sus apartados examinan esta realidad. Consultar Mr. G. Thoveron,

    , en: Los Intelectuales y la Organizacin de la Cultura, Obras de Antonio Gramsci, Tomo 2, Editorial Juan Pablos, Mxico D.F. 1975, pginas 125 a 126.

    8.- Por Aparatos de Difusin de Masas (ADM) entendemos el conjunto de instituciones e instrumentos culturales, que derivados del acelerado desarrollo que alcanzan las fuerzas productivas con la Primera, Segunda y Tercera Revolucin Industrial (tecnologas especialmente de carcter electrnico); son capaces de producir, distribuir e inculcar las ideologas de la clase o fracciones de clases que los detenta. Esto realizado en la proporcin ms voluminosa, en la cobertura ms amplia, y con la incidencia ms constante, sobre los campos de conciencia de los diversos grupos sociales que componen la formacin social donde se inscriben.

    , Cuadernos INTERCOM, No. 4, Sociedad Brasilea de Estudios Interdisciplinares de Comunicacao; Cortez Editora, outubro, 1982, Sao Paolo, Brasil, pgina 39.

    , obra cit., pgina 12. Complementando este aspecto Roncagliolo y Reyes Matta sealan que "la importancia de la iglesia como aparato ideolgico dominante se ha visto desplazada, primero por el desarrollo del aparato de educacin formal ( y por el crecimiento de la educacin laica), y ms recientemente por la expansin de los medios de comunicacin colectiva. Al lado del aparato escolar y de los medios de comunicacin, la influencia ideolgica de la iglesia se ha minimizado. Pinsese por ejemplo, en los magros resultados de sus campaas contra el control de la natalidad. Rafael Roncagliolo y Fernando Reyes Matta,

    24.- Es muy importante aclarar que cuando afirmamos que las tecnologas de informacin se han convertido en los principales aparatos de hegemona, en ningn momento queremos reproducir la visin idealista de la hegemona que postula que sta se produce slo y desde la esfera cultural desvinculada de las principales exigencias y procesos econmicos y polticos de la sociedad. Al contrario, en todo momento reconocemos que el consenso que se produce va medios de comunicacin no se reduce solamente al momento superestructural del fenmeno; sino que como toda relacin de fuerza que es surge desde el corazn de la infraestructura y de sus contradicciones materiales.

    Sin embargo, por necesidades metodolgicas de recorte de nuestro objeto de estudio, no examinaremos todo el recorrido macro social que acompaa a los procesos de construccin de la hegemona. En esta ocasin, slo analizaremos las vas de salida de este reflejo ideolgico a travs de las tecnologas de comunicacin.

    25.- Para ampliar las caractersticas de la nueva educacin que se da a travs de las tecnologas de informacin, consultar de Alberto Montoya Martn del C. y Ma. Antonieta Rebeil,

    , en Televisin y Enseanza Media en Mxico: El Sistema Nacional de Telesecundaria, Vol. II, SEP, SHCP, SPP, Mxico D.F., 1981, pgina 170 y siguientes.; y Javier Esteinou Madrid,

    , Cuadernos del TICOM, No. 23, Departamento de Educacin y Comunicacin, Universidad Autnoma Metropolitana - Xochimilco, Mxico D.F., 1983.

    26.- Es sumamente importante aclarar que la posicin de Antonio Gramsci y de Jos Carlos Maritegui respecto a la escuela como aparato de hegemona principal, son evaluaciones histricas correctas para su poca. Es decir, no debemos aplicarle a este pensamiento la misma crtica correctiva que le dirigimos a la corriente althuseriana, pues son fenmenos distintos.

    Esto debido, a que Gramsci formula esta concepcin en Italia entre 1917 y 1923, y Maritegui en Per en 1925, cuando objetivamente los proyectos hegemnicos del Estado italiano y peruano, descansan su peso de direccin consensual, fundamentalmente sobre la accin cultural que ejerce la escuela y el aparato poltico. Por lo tanto, debe reconocerse que ambas apreciaciones conceptuales, parten de un ntido anlisis objetivo sobre el tipo de realidad cultural que viven dichas sociedades en proceso de incorporacin a la dinmica de industrializacin capitalista.

    28.- Para comprender porqu la televisin se ha convertido en el principal medio de comunicacin en la sociedad contempornea, consultar nuestro trabajo:

    29.- Por otra parte, es alarmante y aleccionador para la sociologa crtica del estudio del receptor, que quienes con mayor exactitud, sutileza y eficacia conocen el perfil de comportamiento del auditorio es el sector dominante, que impulsado bsicamente por el capital industrial y comercial, se dedica, a travs de las tcnicas de la mercadotecnia y publicidad, a radiografiar los diversos patrones de aspiraciones, gustos, comportamientos, debilidades, actitudes, preferencias, inclinaciones, etc., del receptor, con objeto de integrarlo al _proyecto de desarrollo del capital nacional e internacional. Javier Esteinou Madrid,

    , Cuadernos del TICOM No. 1, Taller de Investigacin para la Comunicacin Masiva, Departamento de Educacin y Comunicacin, Universidad Autnoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, marzo de 1979, p. 9.

    Simplemente en la ciudad de Len, Guanajuato, los casos de "violencia interfamiliar" -maltrato a los hijos, la mujer y el anciano- aument tanto que en 1993 se presentaron 30 denuncias mensuales como promedio y en 1992 el Ministerio Pblico registr 203 casos de denuncias por rapto, secuestro y trfico de menores.

    , en Televisin y Enseanza Media en Mxico: El Sistema Nacional de Telesecundaria, Vol. II, SEP, SHCP, SPP, Mxico D.F., 1981.

    , en: Argentina, Cuba, Chile: Realidad Poltica y Medios Masivos, Cuadernos del Centro de Estudios de la Comunicacin No. 4 UNAM, Mxico D.F., 1979.

    , Primer Encuentro Latinoamericano Sobre la Enseanza de la Comunicacin, Universidad Autnoma Metropolitana - Xochimilco, Departamento de Educacin y Comunicacin, Mxico D.F., 1978, versin mimeografiada.

    , Seminario "Comunicacin y Cultura Transnacionales", Universidad de Texas e Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, Austin, Texas, 2 a 5 de junio de 1982, versin mimeografiada.

    , en: Comunicacao, Hegemona e Contra-informaao, Carlos Eduardo Lins da Silva, Coordenador, Cortez Editora, INTERCOM, Sao Paulo, Brasil, 1982.

    , en: Argentina, Cuba, Chile: Realidad Poltica y Medios Masivos, Cuadernos del Centro de Estudios de la Comunicacin No. 4 UNAM, Mxico D.F., 1979.

    , Cuadernos del TICOM, No. 23, Departamento de Educacin y Comunicacin, Universidad Autnoma Metropolitana - Xochimilco, Mxico D.F., 1983.

    , Simpsium Nacional de Comunicacin: La Experiencia de Amrica Latina, Frente a la Experiencia Norteamericana, Universidad Iberoamericana, abril de 1978, Mxico, D.F.

    , Simpsium: Comunicacin y Dependencia en Amrica Latina, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, Mxico D.F., 1978.






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